
| ¡Entra a la Dimensión Espiritual! |
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| escrito por James Jankowiak | |
| lunes, 18 de diciembre de 2006 | |
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“Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame” (Mateo 16:24). ¿Has tenido alguna experiencia espiritual como la que le tocó a Eliseo y a su siervo cuando el profeta estaba siendo sitiado por los ejércitos del Rey de Siria?. Una mañana cuando su siervo se paró fuera de la casa en la ciudad de Samaria vio el ejército con caballos y carros que había rodeado la ciudad. Estaban buscando a Eliseo. “Ah señor mío, ¿qué haremos? Dijo el asustado siervo al profeta. Elías tranquilamente le dijo a su siervo que no se preocupara. Luego oró, “Señor te pido que abras sus ojos y que puedan ver”. Dios abrió los ojos de este hombre quien vio cómo la montaña sobre la cuál estaba construida la ciudad estaba llena de caballos y carrozas de fuego. Eliseo oró de nuevo y todo el ejército enemigo fue cegado y subsecuentemente fueron llevados cautivos al Rey de Israel. ¡Que sorprendente! El profeta tenía la habilidad de ver con sus ojos naturales y también tenía la habilidad de ver con ojos sobrenaturales el mundo que normalmente es invisible a los humanos. Por esta historia y la historia de otros hechos sobrenaturales que realizó Elías, parece que lo sobrenatural venía en una forma muy natural a él. ¿Es esto una verdad para nosotros hoy en día? ¿Podemos ver más allá del mundo de cinco sentidos y de tres dimensiones físicas? ¿Podemos liberar el poder de los cielos a través de nuestras oraciones de fe? Creo que podemos. Creo que Dios está llamando a sus discípulos a una dimensión espiritual más allá de cualquier cosa que hayamos experimentado en los movimientos pentecostales y carismáticos. El desarrollo de estos movimientos durante el último siglo, se ha basado fuertemente en obtener bendición y casi en forma secundaria en ser una bendición. Nuestro Padre Celestial nos está llamando a expandir nuestra visión: La razón de entrar a esta dimensión espiritual es convertirse en una bendición—para traer la presencia del Señor de los Cielos a la tierra, para extender el Reino de Dios, Su gloria y preparar a la iglesia para las bodas del Cordero. Por cientos de años, la iglesia se ha limitado a sí misma a cambiar el mundo de una forma natural. Hay muy poco espacio dentro del mundo material, moderno y racional para creer en manifestaciones como la de los ángeles que aparecieron a Abraham, a Lot o José, el padre adoptivo de Jesús. Hoy en día sería casi imposible creer lo que dice Hechos 12:23: “...Al momento un ángel del Señor le hirió, por cuanto no dio la gloria a Dios; y expiró comido de gusanos...”. El ángel del Señor hirió al rey Herodes, quien fue consumido por los gusanos y murió. Aún más difícil es pensar que un espíritu visible pueda manifestarse a los humanos hoy en día como pasó al Rey Saúl cuando visitó a la adivina de Endor. También tenemos a Esteban quien vio los cielos abiertos y a Jesús esperando por él, o Juan, quien fue transportado a los cielos cuando vio los acontecimientos revelados en el libro de Hechos, o literalmente cientos de otros eventos sobrenaturales, sanidades y milagros que se describen a través de la Biblia. Creemos en esos acontecimientos porque sucedieron hace mucho tiempo, en lugares lejanos y porque están en la Biblia, pero lastimosamente no afectan a nuestras vidas hoy en día. Hechos 27:23-24 describe que un ángel le dijo a Pablo que toda la tripulación y los pasajeros de la nave en la cual él viajaba se salvarían durante una fuerte tempestad. Creemos que esto sucedió, sin embargo, si yo fuera a decir que un ángel me había hablado la noche anterior sobre sucesos que acontecerán mañana, las reacciones más comunes serían el decir que estoy hablando poéticamente, bromeando, mintiendo, equivocándome o que es una locura. Imagínese la reacción si yo hablara profecías entrando en trance en la forma que lo hizo el profeta Ezequiel. En la sociedad moderna occidental, casi seguro me declararían que tengo paranoia, esquizofrenia o al menos delirios religiosos. El hecho es que creemos—y no creemos—en lo sobrenatural. No estamos seguros de cuántas personas realmente son sanadas por la imposición de manos y la oración de fe, cuántas personas caen bajo el poder del Espíritu Santo y cuántas simplemente caen, o bien cuántas de las historias sobre coronas dentales de oro que aparecen milagrosamente en las bocas de las personas son ciertas. La gente se encuentra especialmente escéptica por manifestaciones como sanidades inmediatas de personas que sufren problemas de alineación en su espalda, cuando a través de la oración de los ministros sus piernas o brazos “crecen” milagrosamente. Somos como el padre que vino a Jesús buscando ayuda para su hijo endemoniado. Jesús le preguntó: “¿Crees tú?” El hombre respondió, “Sí, Señor yo creo. Ayuda a mi incredulidad”. Ese es el problema. No tenemos dificultad en lo que creemos. Sabemos que Jesús es el Salvador y el Rey del Universo y que El ha perdonado nuestros pecados y nos ha dado vida eterna. Sabemos que el Espíritu Santo nos ayuda a ser más como Cristo y que nos da dones espirituales. Aún existen testimonios de oraciones contestadas y de manifestaciones espirituales como el hablar en lenguas o el experimentar risa. La parte difícil es pensar que podemos ver al mundo de la forma en que el profeta Eliseo lo hizo, o que podemos realizar los mismos milagros y experimentar el mismo estado sobrenatural como lo experimentó el Apóstol Pablo, o bien que podamos ser transportados hasta los cielos en la forma que Juan lo experimentó. Puedo pensar unas pocas razones que nos hacen no creer: Un falso concepto de no ser digno de experimentar el poder de Dios, carencia de santidad, incredulidad, no tener la disposición de morir a nosotros mismos, posible humillación. Felizmente, podemos superar estas auto-limitaciones al depender del poder de Jesús y del hecho que Él quiere ayudarnos a que vivamos una vida santa y sobrenatural, aquí y ahora. A través de la Biblia, Dios se mueve continuamente en formas sobrenaturales para llevar a cabo Su plan de ayuda para reconciliar al mundo con Dios. Cuando entendemos que nuestro Padre Celestial quiere trabajar en nosotros con su milagroso poder y su vida sobrenatural, entonces estaremos en vías de caminar en el reino espiritual. Debemos creer que Él quiere bendecirnos a nosotros y al mundo a través de que manifestemos de Su voluntad divina. Pablo estaba tan entusiasmado sobre este reino, que en Efesios 1:17-19 oró: “...para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él, alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál es la esperanza a que él os ha llamado, y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos y cuál la supereminente grandeza de su poder para con nosotros lo que creemos, según la operación del poder de su fuerza...” Eliseo oró por su siervo. Pablo oró por los santos de esos días. Esa oración tiene validez hoy en día porque cuando es respondida, implica el comienzo del trabajo de Dios para equiparnos con los elementos básicos necesarios para operar en la dimensión divina. La parte que nos corresponde es entender y estar abiertos a lo que Dios quiere hacer: Primero, Dios quiere que tengamos espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de Él. De esta forma sabremos cómo mantener nuestro rumbo tanto en el mundo material como en el espiritual. Podremos tener la visión de lo que Él está haciendo y cuando Él se está moviendo. Podremos ubicarnos directamente dentro de Su Santa voluntad, conocerle a Él, a Su Santidad, grandeza y gloria, podremos hacer Su voluntad con temor y deleite. Segundo, Dios quiere que abramos los ojos de nuestro entendimiento para que podamos entender la magnitud de Su amor por nosotros, la naturaleza del Cuerpo de Cristo y el poder que Él desea canalizar a través de nosotros. Pablo continúa hablando en el capítulo 3, versos 16-19 de su deseo para los creyentes de caminar en una verdadera espiritualidad: “...para que os dé conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu; para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en amor, seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cual sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura, y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seas llenos de toda la plenitud de Dios.” Nuevamente, la dimensión de la cual Pablo habla va más allá del entendimiento humano. No podemos comprender cuál es el poder del Espíritu que está trabajando en nuestro hombre interior, o comprender la llenura del amor de Jesús de una forma intelectual. Por medio de la oración y la revelación, Dios nos da esos privilegios. A través de la oración y de la santidad es que entramos a esa dimensión espiritual. Yo digo especialmente “santidad” porque el nuevo nivel al que el Señor está llamando al Cuerpo de Cristo a que actúe incluye la manifestación de los dones espirituales, pero también muchas otras áreas. Mucha gente durante este último siglo, ha ejercitado los dones espirituales realmente de una forma poderosa sin tener los atributos de carácter necesarios. Su servicio a Dios estaba mezclado con motivos humanos: engrandecimiento personal, el deseo de dinero, debilidad sexual, el deseo de controlar a otros. Desafortunadamente, esas tendencias continuarán en este siglo. Sin embargo, siento que en esta nueva y grande manifestación de la dimensión Divina, el Señor limitará lo que podemos llamar “el poder de la resurrección” a aquellos que estén dispuestos a ser conformados a la imagen de Cristo. Dios va a confiar responsabilidades sobrenaturales y poder a aquellos siervos que han sido fieles de quitar al hombre viejo y vestirse con el hombre nuevo, esto es, aquellos que han sido fieles en moldear sus vidas en Jesús. La clave de este nivel es la cruz: Pablo dice en Filipenses 3:10, “Anhelo conocerle a él y el poder de su resurrección, y participar en sus padecimientos, para ser semejante a él en su muerte”. Esto conduce a la sublime y mística declaración de Gálatas 2:20: “...Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí “. Esta declaración se centra en la experiencia cristiana. Como Pablo, debemos identificarnos con la muerte de Cristo en el Calvario. A menos que muramos a nuestra antigua manera de vivir con toda nuestra lujuria y nuestras pasiones, no podremos vivir la vida de Jesús. Pero morir a nosotros mismos, no es suficiente; debemos vivir en Cristo. Alrededor de El debe girar nuestro ambiente. La Biblia dice en Hechos 17:28 “...porque en él vivimos, nos movemos y somos´”. Esta es la vía hacia el poder de la resurrección. La razón es simple. Nuestro Padre Celestial no va a poner el poder transformador en manos de siervos incompetentes, desobedientes o no confiables así como un padre no va a dar permiso de manejar su carro a un hijo que no es confiable o que no ha sido aprobado. La razón por la que Jesús pudo ejercer ese gran poder cuando caminó en la tierra como hombre fue porque Él estaba entregado cien por ciento a hacer la voluntad de Su Padre, y era ayudado por el Espíritu Santo para poder realizar la obra. Hoy en día Jesús se está moviendo en la tierra a través de Su Iglesia, pero la manifestación de esta clase de poder que derriba las fortalezas de Satán y construye el Reino de Dios – en contraste con la manifestación de los dones espirituales más comunes como palabra de conocimiento y profecía– raramente se ve. Esto es debido a que muchos miembros del Cuerpo de Cristo están viviendo únicamente con compromisos parciales sobre tomar sus cruces y morir diariamente a sí mismos para que Jesús pueda vivir a través de ellos. Nuestro Padre Celestial está llamándonos a hacer lo que Jesús dice: El negarnos a nosotros mismos, tomar nuestra cruz diariamente y seguirle. El dejar nuestras vidas a Su cuidado para que podamos encontrar vida nueva y eterna. Presentar nuestros cuerpos como sacrificios vivos en el altar del Señor. El ser santos porque Dios es Santo y requiere santidad de nosotros. Determinar hacer solamente la voluntad de Dios y no desviarnos en ningún momento a la derecha o a la izquierda. Si no se cumplen estos compromisos al servirle a Dios, es imposible pasar al siguiente nivel de crecimiento cristiano, un nivel de responsabilidad donde se ejerce el poder de Dios Todo Poderoso. Unicamente haciendo que nuestras vidas permanezcan en el altar como sacrificios vivos----dejando nuestras ambiciones, planes, ideas, deseos personales—y aceptando la voluntad de Dios, entonces podremos experimentar en su totalidad la Dimensión Espiritual, en la cual se nos muestra cuál es la voluntad de Dios, qué es lo que El quiere hacer a través de nosotros. Esta dimensión nos da autoridad para experimentar una transformación personal y así transformar al mundo. Conforme nos movemos en Él, Dios nos confirmará la verdad de la proclamación del Evangelio a través de señales y prodigios que seguirán a nuestras palabras. Él quiere mostrar al mundo, a través nuestro, que Él es el Dios que sana, que prospera, que nos protege y ama, el Dios que se extiende en misericordia y compasión, el Dios que siempre está allí para toda la humanidad. Él quiere operar milagros a través de nosotros. Quiere que nos movamos como lo hizo Eliseo tanto en el mundo material como en el mundo sobrenatural. El tiempo para que esto se lleve a cabo no está en el futuro. ¡El momento es ya! Para ti este es el momento de renunciar a ti mismo y seguir a Jesús” ¡Llegó el momento de que experimentes en su cabalidad el poder del Espíritu Santo trabajando en ti para llevar a cabo el propósito de Dios en la tierra! Entrégate a El en cuerpo, alma y espíritu. Luego cree que El actuará con poder a través tuyo y pon a caminar tu fe. Te bendecirá y fructificará en todo lo que hagas, pondrá a trabajar el poder de Su Espíritu en ti. ¡Entra a la Dimensión Espiritual! |
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