New! Verbo Brazil's Website, Click here
Como se Desarrolla un Llamado Imprimir E-Mail
escrito por James Jankowiak   
lunes, 18 de diciembre de 2006
Introducción: Cuando aceptamos a Jesús como nuestro Señor y Salvador asumimos una nueva identidad. Somos hijos de Dios; somos la novia de Cristo; somos nuevas criaturas; somos siervos de Dios. Nuestras vidas ya no son nuestras. Pertenecen a Dios. Somos sacrificios vivos. Esto implica que ya no decidimos lo que vamos a hacer con nuestras vidas, porque nuestra voluntad ahora es seguir el ejemplo de Cristo, que es hacer la voluntad de Dios. El Padre tiene el plan perfecto para cada uno de nosotros ya preparado. Nuestra parte es descubrir quienes somos en Dios y desempeñar nuestro papel.

1.   Salmo 139:13-16 dice, “Porque tú formaste mis entrañas; me entretejiste en el vientre de mi madre. Te doy gracias, porque has hecho maravillas. Maravillosas son tus obras, y mi alma lo sabe muy bien. No fueron encubiertos de ti mis huesos, a pesar de que fui hecho en lo oculto y entretejido en lo profundo de la tierra. Tus ojos vieron mi embrión, y en tu libro estaba escrito todo aquello que a su tiempo fue formado, sin faltar nada de ello”.
    1.1. La implicación de estos versículos es que cada persona es una creación especial y única de Dios.
    1.2. Lo que Dios espera de nosotros está determinado. Nuestro trabajo es encajarnos en su voluntad. Podemos confiar que es el plan adoc para que lleguemos a nuestro pleno potencial.
2.   Dios es Amor, y porque quiere que hagamos su voluntad, es su placer mostrárnosla.
    2.1. No es necesario pasar años orando por iluminación por lo que Dios quiere que hagamos. Sería absurdo pensar que el nos ocultaría su plan cuando lo que desea es precisamente nuestra obediencia.
    2.2. Felizmente tenemos la promesa de Dios que realmente supera la barrera de nuestro entendimiento: Lucas 8:10  dice,  "A vosotros se os ha concedido conocer los misterios del reino de Dios; pero a los demás, en parábolas, para que viendo no vean, y oyendo no entiendan”.
3.   Una razón principal porque aparentemente no oímos de él es que resistimos su llamado porque no estamos dispuestos a pagar el precio. El nos habla, pero su voluntad no coincida con nuestra expectativa y por eso pensamos que no fue él quien nos habló.
    3.1. La solución  es entregarnos totalmente a su voluntad, como sacrificios vivos. Sacrificio no tiene derecho de decir como quiere ser sacrificado.
    3.2. Quien no tomó su cruz para seguir a Cristo nunca va a saber la voluntad de Dios porque su pensar ya está decido. Mateo 16:24, dice, “Entonces Jesús dijo a sus discípulos: --Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame”.
4.   Normalmente, pero no siempre, comenzamos a descubrir la naturaleza de nuestro llamado por la evidencia de una unción cuando hacemos ciertas cosas como orar por los enfermos, compartir la palabra, preocuparnos por el bienestar de otros, etc.
    4.1. Algo en nuestro corazón nos dice que estamos haciendo lo que Dios quiere que hagamos.
    4.2. Las otras personas nos dicen que nos ven haciendo tal y tal cosa, o sea, recibimos confirmación de otros en relación a los dones.
    4.3. Vemos resultados. Si pensamos que tenemos don de profecía pero nadie confirma nuestros problemas, y no vemos que lo que decimos acontece, podemos captar la idea que no tenemos el don. Si pensamos que somos pastores, pero nadie nos busca para recibir ayuda pastoral y no podemos levantar una iglesia, ya podemos pensar que nuestro do es otro.
    4.4 Los ancianos de nuestra congregación confirman que están viéndonos funcionando en ciertos dones.
5.   Es importante que no confundimos habilidades o dones naturales con el llamado de Dios, aunque Dios normalmente usa esas habilidades en el desempeño del don que tenemos.
    5.1. Un cantante, por ejemplo, no debe pensar que porque tiene don de música que está en ese área que el Señor le quiere usar. Sus dones naturales tienen que ser puestos sobre el altar de Dios.
    5.2. Por el otro lado, Dios toma ciertas habilidades que tenemos y las transforma en todavía más útiles dones para la edificación del Cuerpo de Cristo.
6.   Otra consideración es que Dios muchas veces cambia el don de una persona conforme su crecimiento y madurez en Jesús, y las necesidades del ministerio donde está trabajando. Nunca debemos estar aferrados a una sola descripción de trabajo.
7.   Finalmente, hay algunas cosas que podemos hacer para discernir la voluntad de Dios:
    7.1. Orar. Santiago 1:5 dice, “Y si a alguno de vosotros le falta sabiduría, pídala a Dios, quien da a todos con liberalidad y sin reprochar; y le será dada”.
    7.2. Ayunar: Daniel 9:3 dice, “Da 9:3  Entonces volví mi rostro al Señor Dios, buscándole en oración y ruego, con ayuno, cilicio y ceniza”.
    7.3. Buscar consejo. Proverbios 20:18 dice, “Confirma los planes mediante el consejo y haz la guerra con estrategia”.
    7.4. Creer, confesar, y actuar con fe. Romanos 14:23 dice, “Pero el que duda al respecto, es condenado si come, porque no lo hace con fe. Pues todo lo que no proviene de fe es pecado”. En hebreos 11:1 encontramos, “La fe es la constancia de las cosas que se esperan y la comprobación de los hechos que no se ven”. Como advertencia vemos en Santiago 2:20, “Pero, ¿quieres saber, hombre vano, que la fe sin obras es muerta?”

 
< Anterior   Siguiente >